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miércoles, 28 de diciembre de 2016

CUENTO PARA NIÑOS SUR-REALES

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por Salvador (no Dalí)

Un día, un señor tuvo una idea:
"Me voy a una montaña, compro un gran pedazo de tierra, lo divido en muchos pedacitos, y los vendo más caros que lo que me cueste el pedazo grande. Así, ganaré muuucho dinero. ¡ Soy genial !" (pensaba el señor)
Entonces se fue a una provincia del sur, y cuando encontró el pedazo de tierra que le gustaba, presentó su proyecto a los gobernantes
"Lo sentimos mucho, señor, pero nuestras leyes ambientales no permiten aprobar su proyecto. Es peligroso para el ecosistema. No le venderemos nada" (dijeron los gobernantes)
Y el señor pensó: "No me importa, hay más montañas". Y se fue a la provincia de al lado
Ahí, también había leyes ambientales. Pero al señor no le interesaba, porque -con la experiencia de la otra provincia- lo primero que hizo fue visitar a los gobernantes, para ofrecerles unos rectángulos de papel impresos con tinta verde. El señor sabía que a los gobernantes les encaaantan esos rectángulos, y adoooran el olor de su tinta verde. Y volvió de la capital provincial, con una sonrisa enorme
Cuando sus amigos le preguntaron por qué estaba tan contento, el señor tuvo la imprudencia de contarles cuántos rectángulos de papel con olor a tinta verde había repartido, para asegurarse la aprobación del proyecto. Y sus amigos -tan imprudentes como el señor- lo anduvieron repitiendo por ahí...
Pero el señor tuvo mala suerte. Porque aunque los gobernantes le dieron todo lo que él les había pedido (no hacer caso de lo que decían las leyes, falsificar mapas, armar una licitación trucha para favorecerlo, etc.) a los pocos meses los gobernantes cambiaron; y los nuevos gobernantes, no habían recibido del señor ningún rectángulo verde
Entonces el señor pidió ayuda a un pariente, que era un hombre muy malo que había amenazado con disparar un rifle contra las personas que pasaran por un lugar que él no quería. Y el hombre malo fue de los primeros en visitar al nuevo gobernante, y se sacaron fotos juntos muy sonrientes. Y el señor se puso contento, porque pensaba que sus problemas se habían solucionado
Pero el señor tuvo más mala suerte, porque el nuevo gobernante que se había sacado las fotos con el pariente malo del rifle, a los pocos días se murió, porque su señora le disparó tres tiros en la cabeza. Y el señor empezó a preocuparse otra vez...
Mientras tanto, los vecinos de la tierra que el señor quería dividir en pedacitos para ganar muuucha plata, se enteraron de que el señor quería atraer compradores haciendo una cancha de golf
"Van a talar mucho bosque" (decían unos)
"Van a usar mucha agua, y entonces nos va a faltar a nosotros" (pensaban otros)
"Es todo ilegal, porque acá está prohibido hacer un loteo" (aseguraban todos)
Entonces se fueron a ver a unos jueces de la capital provincial, para pedirles que frenaran esa barbaridad
Y los jueces les dieron la razón; y un día antes de que empezaran los trámites para dividir el gran pedazo de tierra, los jueces suspendieron todo, y los vecinos festejaron muy contentos
Y el señor se puso tan furioso, que con unos muchachos que le mandó desde una ciudad vecina otro señor -que ahora está preso por ladrón- se puso a quemar gomas en la ruta, y no dejaba pasar a nadie (ni ambulancias, ni camiones con comida, ni colectivos, ni coches). Pero no le sirvió de nada, porque los gobernantes locales primero le hicieron creer que le iban a permitir el loteo, y a último momento no le firmaron nada; y aunque el señor se quejó con el gobernante de la capital (que llamó por teléfono enloquecido a los gobernantes locales, y les dijo un montón de malas palabras) igual no le permitieron violar las leyes
Y durante tres años, no se oyó más hablar del loteo...
Pero el señor no se había quedado quieto; seguía trabajando por debajo (con más prudencia que antes, porque había aprendido a cerrar la boca) y esperó a que cambiaran los gobernantes locales
Y también contrató a un abogado al que tampoco le importaban las leyes ambientales, hasta el punto de que mientras trabajaba para los Parques Nacionales, cazaba ciervos en esos mismos parques
Y ese abogado empezó a hacer papeles, con la ayuda de los nuevos gobernantes locales de la ciudad donde el señor quería dividir el pedazo grande de montaña en pedacitos más chicos
Y lo primero que hicieron esos gobernantes fue esperar el último momento del año -cuando los jueces están por irse de vacaciones- y prepararon papeles mentirosos, donde decían que lo que antes habían ordenado los jueces de la capital provincial, ya no servía más; y que si bien los jueces de la ciudad vecina no habían aprobado todavía el acuerdo entre los nuevos gobernantes y el señor, esa aprobación ya no hacía más falta; y así iban acomodando todo para darle la razón al señor, aunque las leyes seguían diciendo que no la tenía. Y para tener gente que los apoyara, le pagaban 700 pesos a quienes quisieran ir a gritar a favor de ellos
Y llegó la Navidad, con gente acampando en una plaza. Y ahora esperamos el Año Nuevo, sin saber qué va a pasar, porque los jueces todavía no resuelven nada


MORALEJA: Chicos, eviten oler la tinta verde hasta ser lo más grandes posible...

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